"Y es verdad, las tormentas no se pueden resistir: ocurren. Y con lo que ocurre por fuera del marco de nuestra voluntad sólo hay una cosa para hacer: fluir. Y sino, pregúntenle a los navegantes, o a los nadadores. A nadie se le ocurriría resistir. Ellos saben que hay que acompañar el movimiento, que es imposible de ir en contra de algo que es más fuerte y que no fue decidido por nosotros..."
(Se sienta en un rincón, toma la caja entre sus manos, y comienza a sacar uno por uno los objetos)
-Cartas... ¡Cuantas le escribí!. Ya ha pasado el tiempo y aún sigo sintiendo mi sangre derramarse por los rincones de nuestra habitación. ¿Se acordará de mi?, ¿me extrañará?, ¿sentirá que aun la lloro?, ¿por qué no viene a secar mis lágrimas?.
(Rompe en llanto... toma un pañuelo y comienza a secar sus lágrimas)
-¡BASTA!, debo dejar de llorarla y recordarla. Debo comenzar de nuevo, por mi... por el pequeño, y hasta tal vez por ella. Es hora de cerrar este capítulo para volver a nacer...
(Comienza a separar en una bolsa los objetos de la caja)
-Sus pendientes, sus pulseras, su pañuelo... aun todo huele a ella.
(Toc... toc, toc. Hace sonar tres veces la puerta)
-¿Quién es? exclamó.
--¿Todavía me esperas?, (respondió detrás de la puerta)
-Pasa... pasa... como esto creo que pasará.
--¿Qué haces desarmando mi caja?
-Arrancándote de mi, poco a poco cada uno de tus recuerdos.
--Unos objetos y cartas, jamás lograrán que olvides lo que hemos vivido juntos. Seguiré latiendo adentro tuyo, al igual que vos dentro de mi.
-Del mío tal vez, del tuyo tengo la certeza que no... ¡si ya no sentís!. No creas que por llegar con un montón de bonitas palabras lograrás mitigar mi dolor...
--¿Quién te dijo que no siento?. Siento tanto, o más que vos...
-Si te fuiste...
--Yo no elegí irme, jamás hubiese elegido dejarlos... Sólo que desde allá, me llamaron... era mi tiempo, así me dijeron.
-Pe... pero (tartamudea entre lágrimas), ¿no les dijiste que tenías alguien que te amaba?, ¿no les dijiste que dejaste un fruto de amor, que hoy llora tu ausencia?.
--Claro... pero, me explicaron, que ausencia no dejé... sólo me fui fisícamente.
-¿Cómo que no dejaste ausencia? Si ya no estás...
--¿Vos crees que ya no estoy?.
-Claro, yo no puedo abrazarte, no puedo sentirte cerca de mi cuerpo. Él, no puede sentir tu beso al despertar, no puede verte tomarlo de la mano para acompañarlo a la escuela... no puede tenerte, para crecer a la par tuya... ¡Claro que ya no estás!.
--Vos me abrazas todas las noches. Soy yo quien me recuesto al lado tuyo para mitigar tus lágrimas. Soy yo, quién lo beso al despertar, y lo acuno todas las noches para hacerlo dormir... Soy yo, quién le toma la mano para que pueda crecer, con mi amor pegado a su pecho... Soy yo, quién todavía estoy acá, aunque no me puedan ver.
-Pero... físicamente...
(Interrumpe, y acota)
--La presencia no es física... el cuerpo es tan sólo un envase del alma. Yo estoy, aquí... porque mi alma aun habita en los rincones de este hogar, y en los de tu alma. Yo dejé mi envase, pero mi alma sigue tan, o más viva que vos. Estoy en tus recuerdos... estoy a diario cuando te levantas y hueles el aroma en mis objetos... ¡Soy yo!.
-No es lo mismo... ¡¡yo te necesito aquí!! (Toma la caja, y la estrella contra la pared)
--El día que entiendas, que el amor, y que el alma no son objetos tangibles, comprenderás que sólo no puedes verme... pero si sentirme. El día que comprendas que yo no lo elegí, entenderás mi ausencia física, y buscarás mi presencia espiritual. Mi alma, sigue aquí... y seguirá... cada vez que tu corazón implore mi presencia para mitigar su dolor... Cada vez que sientas que sólo no puedes seguir... será mi alma la que sostendrá tu ser para empujarlo hacía adelante... (Va cruzando la puerta, y se va alejando)
-No te vayas, por favor.
--No me voy, me quedo aquí... sólo cierra los ojos, y empieza a sentir. (Cerro la puerta, y se retiro del espacio)
(Se recuesta, abrazando la última remera que ella usó antes de partir, que aún conservaba su perfume)
-Cierro... cierro los ojos... ¡Aquí estás!
(Escucha una voz lejana que le grita)
--Siempre aquí, siempre contigo... sólo, búscame en los rincones de tu alma.

Después de morir...

-No, no, todavía no es tiempo.
-Ya se terminó, y la hora llegó... ¡Vamos!
No me contaron como era... algunos cuentos hablaban del paraíso, del edén, de los caminos llenos de flores perfumadas que inundaban el olfato de quienes caminaban por allí. Hablaban de que te reencontrabas con la gente que se fue de viaje antes...
-¿Qué es esto?, los cuentos me vendieron otra historia.
-¿Y qué te creías, que la fantasía existe?.
-No hablo de fantasías, hablo del premio que decían que te daban después de haber cumplido la misión.
-No, muchacho. Cuando una misión finaliza, comienza otra. El que dirige acá, nos dio un regalo a lo que Él llama vida, y después otro al que los demás llaman "muerte". Para el Jefe, la "muerte" es una transformación simplemente. Y ahí viene la cuestión...
-O sea que, no descansamos ni muertos... ¿qué cuestión viene?.
-Las misiones que tenemos que cumplir. Vos te tuviste que ir de viaje, pero dejaste a muchos llorando... ahora tenes que consolar, ayudarlos a olvidar, y ganar sonrisas para volver otra vez allá abajo.
-Y eso... ¿cuanto tiempo me va a llevar?.
-Acá no hay tiempo. Sólo hay momentos, ratos, instantes... porque acá disfrutamos más que allá abajo. Acá no pensamos en el que pasará mañana, simplemente disfrutamos lo que pasa ahora. Seguimos trabajando pero motivados, y con la gracia en el alma de poder decir que... mal, o bien, somos felices.
-Ah bueno, por algo lo llaman descanso eterno... ¡ahora me gustó!.
-El descanso eterno es el disfrute del alma cuando se encuentra en paz, y ayuda a los demás a encontrarla más rápido, antes de transformarse. Vos, viviste preocupado por el mañana, no disfrutaste tu gente, no supiste lo que era correr respirando aire puro de la naturaleza... Vos, amigo, recién ahora empezas a vivir, en paz... después de transformarte.
-Tenes razón... ¡si lo hubiese sabido antes! hubiese besado más, hubiese hecho más el amor... y hubiese disfrutado el ser... casi, casi feliz.
-Ya está... no lo vas a poder cambiar. Ahora disfruta esto, y dale una mano a los que dejaste allá abajo, para que no pasen lo mismo que vos...
-Tenes razón... nos vemos, por ahí, me voy a trabajar.
-Nos vemos... haré lo mismo.

Y los dos, allá arriba, trabajan para que... acá abajo se ame más, se respire libertad, y se aprenda a valorar... sin tener que esperar a irse de viaje, para aprender a disfrutar que a pesar de los obstáculos, la vida es una aventura que merece ser vivida.

Vivir sólo cuesta vida...

Si no lo elegí, ¿porqué lo tengo que hacer?; ¿quién me dijo si quería respirar?... ¿quién me permitió elegir si quería vivir?. Una vez, un loco que cree en lo inexplicable me habló del destino; de que allá arriba hay un papel que habla de nuestra vida... pero, ¿para que creerle?; ¿existe allá arriba? ¿quién me lo puede comprobar?. Llegas... te hacen crecer, y después te dicen "acá tenes, hazte cargo", ¡sí yo no lo elegí!. Tenes que lidiar con los obstáculos que te llevan a algún lugar, del cuál no sabes si queres realmente, o sí es solo un capricho... tenes que sacar con las manos las espinas de la rosa, clavándote una por una en el cuerpo, como cicatrices de tu historia... como muestra de que "lo lograste"... ¿qué logré? conseguir algo de lo cuál todavía dudo si lo quería, porque sólo sé que no sé nada de esto que me obligaron, y no pude elegir. Me dicen que hay algo superior allá arriba, en el medio de una nube... que te vigila, que te educa, que te ayuda... ¿a que me va a ayudar? ¿a vivir?. No le creo... sí tan poderoso es ¿porqué no viene y me dice que es esto de vivir?. Y seguís caminando... y los obstáculos son más difíciles porque creces, y dicen que mientras más grande más difícil se torna la aventura de "vivir"... pero hay algunos que lidian con la misma duda, que van dejando perfume en las huellas de sus zapatos que quedan marcadas en tu camino... que ayudan, que fortalecen, que respiran tu mismo aire, que tampoco eligieron hacerlo. Y otros que te "enseñan" a sufrir... pero nadie me dijo que ese, que está arriba, permitía que me dejen sufrir... por eso ¿que me van a hablar de Él?. Y en el arduo camino y ya con los pies desgastados de tanta sangre... me siento, y tiro en una balanza el perfume y las espinas... y supuestamente debería pesar más el perfume... yo digo que no, el perfume solo ayuda a que las espinas duelan menos y la sangre corra en menos cantidad. El sufrimiento es el destino, y el perfume el paliativo de las heridas que deja el vivir...  Sólo voy a decir, que yo no elegí vivir, a mi me obligaron a existir.
Yo lo pude contar, otras no. 
Yo pude salir, otras todavía esperan que las puertas se abran y que llegue el héroe que las rescate de esa oscuridad.
Me habían dicho que podía ser modelo, actriz... ser famosa, viajar, y cumplir mis sueños. Yo tenía proyectos, hoy sólo me queda un rompecabezas con un montón de piezas que fui perdiendo en cada rincón de esa cárcel, que algunos llaman lugar de placer.
Yo fui, por que creía que se podía confiar en la gente, porque desconocía que detrás de tantas caras que simulaban ser buenas, existía tantas almas tan inmundas.
Perdí mi seguridad, mi fe, mis sueños, y mis esperanzas... detrás de un corset, unas ligas, y un extenso maquillaje para simular que no era una pendeja con sueños... sino que una mujer, que le gustaba regalarse por unos billetes.
-"Salí, y cobra... puta", era lo único que podía escuchar. Tenía que seducir, con el alma desgarrada y el asco entre los labios... para poder "sobrevivir", según ellos... yo sólo quería morir. 
Me miraban con placer, con una inmunda baba que recorría los labios de tantos inmundos que pagan, creyendo que somos un objeto de uso personal, y luego un descarte. 
Tenía que tomar coraje y seguir... al principio, creía que debía hacerlo porque detrás de las rejas de esa cárcel que día a día me iba consumiendo... me esperaba una vida, mi vida que me arrebataron sin permiso, y sin piedad. Con el tiempo, ya todo me daba igual... creía que el laberinto donde me encontraba no tenía salida, y con resignación creí asumir el destino que tal vez por alguna razón me había tocado. 
Eramos tantas... tantos sueños, tantas ilusiones. Con el tiempo muchas terminaron en una sanja... otras tantas vendidas por ahí, y algunas pocas nos quedamos en la cárcel... pero, todas eramos presas en manos de "gente" que se creía dueña de nuestro destino.
De algunas me acuerdo... de otras no, con el tiempo traté de borrar de mi mente cada instante interminable que viví en ese lugar, al que ya ni quiero nombrar. 
Ivana tenía una historia... una vida. Me acompañó, y entre las dos, nos sentíamos menos solas. Siempre me contaba que tenía dos hijas y su madre... que seguía viva, porque sabía que ellas en algún lugar del mundo estaban rezando por volverla a ver. Fue mi empuje... mi intensivo
para seguir respirando. Hasta que un día, me levanté... y no la ví más. Pregunté... pero sólo me dijeron "se les fue la mano". Y la perdí... y con Ella, se fueron parte de mis esperanzas. Quería verla... despedirme... pero ¿donde le podría llevar flores?, en algún sanjón... sí ellos nos mataban, y tiraban, como un montón de basura descartable... ¿no sabían que somos humanas?.
El tiempo pasó... y era interminable la vida. El ritmo rutinario con el tiempo fue consumiendo mi cuerpo... mirarme al espejo era repudiarme, y no poder encontrar ni siquiera una parte que se asemeje a mi. Mis ojeras, mis huesos cada vez más afuera de mi cuerpo. Y sí comíamos poco... -"no tienen que engordar, las putas gordas no sirven", era lo único que a diario nos repetían.
Una mañana, nos despertaron con un nuevo traslado... Todavía me pregunto de donde saqué el coraje y las fuerzas para escaparme. Se dieron cuenta rápido... pero una vez en la vida la suerte corrió a mi favor, y me crucé con un hombre que me ayudó a salir. 
Lo primero que busqué fue una policía... y la única respuesta que encontré -"Si te escapaste ahora, ¿porque no lo hiciste antes?... esto demuestra que sos puta, y te gusta".
¿A mi me raptan y yo tengo la culpa?, me roban la dignidad, la vida ¿y la culpable soy yo?. Me prostituyen, me torturan, me denigran ¿y sigo teniendo la culpa?.
Pude encontrar a mi madre, que me estaba esperando... Que no siguió buscándome por miedo... por las amenazas, y la infinidad de veces que entraron a mi casa para golpear e intentar callar la voz de mi pobre vieja. Ya no era la misma que me despertaba con el mate, y el -"Buenos días hija"... Yo tampoco, ya no soy la misma.
Me morí cuando entregué mi cuerpo porque me obligaron a darle "placer" a un inmundo que pagaba por mi. Me morí, cuando me robaron mis sueños de ser feliz... me morí cuando ví matar gente adelante mío, y estar con las manos llenas de sangre porque tenía que levantar esos cuerpos... Me morí, cuando dejé de vivir, para ser una esclava sexual de un animal. 
Hoy creo que vivo... respiro... y estoy en libertad. Día a día cargo con la cruz de un pasado que me tortura a cada instante, y me impide dar un paso adelante para modificar mi destino... para recuperar aquellos sueños que siempre quise realizar.
Hoy, quiero gritar a viva voz, que las mujeres somos humanas... que no somos objetos que vendemos placer. Que merecemos vivir... que no somos animales... que no somos esclavas. Hoy quiero gritar, que sueño en vivir en un mundo donde dejen de matarnos, y sólo traten de darnos amor... por mi, y por tantas.
Yo salí, otras siguen esperando...
Quiero gritar... por un mundo donde todas respiremos libertad.
La misma simpleza e intensidad que tenía sus luceros,
la guardaba su forma apasionada y extrema de amar,
más allá de la piel... más allá del alma.
Atrás de esas luces podía vislumbrar su niño interior,
aquel que jugaba, reía, y callaba...
Aquel que lloraba, y cargaba una cruz en su espalda.
Detrás de sus cabellos blancos,
había historias, leyendas, un mito por contar.
En las suelas de sus zapatos,
existían huellas profundas... pasos firmes, que trascendieron.
Los años fueron apagando aquellos luceros,
la vida fue consumiendo ese corazón...
y el aire fue desapareciendo de su ser.
Hoy quedaron las huellas, la luz, y el mito,
que yo puedo contar...
con lágrimas en los ojos, y dolor en el corazón...
por no poder respirar su mismo aire,
por no poder contemplar el sonido de su voz.
Pero es la mejor historia viviente que guarda mi alma.
Hoy quedan los despojos de mi alma...
la imperiosa necesidad de
emprender tu mismo viaje, sin regreso.
Mi alma muerta busca el aroma de tu presencia,
el utópico deseo de descansar en tus alas.
El tiempo es eterno sin la melodía de tu voz,
la espera es la eterna agonía de mi ser,
y tu imagen cada vez, más lejos de mis brazos.

Volverte a ver,
hoy daría media vida,
por volverte a ver...
Y recuperar el tiempo,
que se me escapó...
Y decir "lo siento",
una y otra vez.
No me sirve la razón,
si tu no estás...
crecieron alas en su alma, 
y se hecho a volar
,
y nunca más h
a vuelto aquí...
que nadie m
e repita la palabra amor,
volver a ser fe
liz es imposible.

Un trágico y loco amor...

Una historia de loco y trágico amor, es la que solía contar Él luego de varios whisky. “Mozo… el ¡último!, por hoy” siempre hacía énfasis en su frase para que todos creyéramos que ese, era el último de la noche… pero allí comenzaba su relato, y para no perder la costumbre, cuando el pobre Hugo se acercaba con el whisky, Juan le cantaba “Eche mozo más whisky, que todo mi dolor bebiendo lo he de ahogar…” y sí, le gustaba cambiar la letra a los Tangos y cantarlos al compás de su triste vida. Ella, se llamaba María; la diferencia de edad entre ellos era tan sólo 30 primaveras… aunque según Juan, Él vivía sus 50 inviernos. Todo comenzó en el mismo bar que Él noche a noche se emborracha recordando la tersura de las manos de María recorriendo su cabellera blanca y ya un poco calva… Alta, de curvas tan sutiles como la guitarra de Juan, ojos marrones, y un largo cabello que llegaba hasta su cintura. Cuando la describe, se percibe el brillo en sus ojos y su corazón con tantas ganas de salirse de su pecho. Dice que fue amor a primera vista, de ese que no suele pasar seguido… yo todavía no le creo, esas cosas “del amor” todavía me suenan a verso para mí. Ella era soltera, y Juan… bueno, estaba casi cruzando la puerta de su casa, después de haber descubierto esa maravilla que la vida había posado ante sus ojos ya cansados de tanto mirar cuerpo sin alma. “¿Sola?”, sólo esa pregunta bastó para que entablaran una larga conversación parados al lado de la barra… hasta que, Juan la invitó un café; ¡lo que hace el amor…! Juan, solía hasta desayunar con su J&B. Ella accedió, y claro… sentía el mismo centenar de mariposas dentro de su pecho, al igual que Él. Y allí fue el comienzo de esa historia que, lamentablemente tuvo su triste final. Juan, siempre dice que cuando desayuna, extraña encontrarse con las notas de amor que María solía dejarle debajo de la taza del café… “Aquí te dejo un sorbo de aquel café que un día nos unió… tuya siempre, tu María”. Fueron muy felices… hasta suele reafirmar Juan, un ateo absoluto, que resume su historia de amor en un hecho mágico y espiritual. Pasaron días, meses años. El invierno al lado de la estufa a leña… las dos copas de vino, e interminables noches de amor. Largas primaveras caminando por las praderas juntando las margaritas que tanto le gustaban a María. Los veranos eran del mar, contemplando el amanecer tomados de la mano… sólo la luna y el sol fueron testigos de este gran amor. Un día, Juan amanece con una pequeña nota que decía “Dejamos de ser dos… para ser tres”; Él no entendía nada… pensó cualquier cosa, menos que María estaba esperando en su vientre un pequeño fruto de amor. Al llegar María, Juan le pregunta el significado de la nota, y Ella, con lágrimas en los ojos le dice, que estaba esperando un pequeño ser dentro de su cuerpo. Habían culminado el punto máximo del amor… habían logrado crear un ser de amor, producto de tanta pasión… de tanto sentir. Los meses pasaban, los controles de María eran estupendos… hasta que un día comenzó a sentir pequeñas molestias a las que Ella ignoraba, y pasaba por alto. Llega el día del nuevo control, y una nueva nota rutinaria en el desayuno de Juan, que esta vez decía “Amor, hoy iré sola al Doctor. Te amamos… los dos”. Lo presentía… algo en Ella sabía que las cosas no estaban tan bien como parecían. El Doctor la palpó, y al leer los análisis de aquel embarazo, comenzó a titubear… con voz temblorosa y tímida, le dijo a María que el pequeño que llevaba en su vientre, y Ella, se encontraban enfermos, y sus vidas estaban en riesgo. María tembló, y entre llanto, pidió al médico que Juan desconozca el diagnostico de Ella y de su hijo; el médico respeto la decisión y a pesar de su parecer, calló la verdad. María regresó, y Juan la esperaba con un sabroso plato de arroz… la comida favorita de ella. Ella, ocultó los resultados de su visita médica, y dijo que todo estaba bien… y su bebe creciendo sano, y fuerte. Comieron juntos, María con sus ojos caídos tomó la mano de Juan, y le dijo en un tono tenue “Júrame que nuestro amor será eterno, más allá de la muerte… Júrame que a tu lado siempre seré feliz. Júrame, que aún en la eternidad, continuarás sosteniendo mi mano…”; Juan asombrado, respondió “Te juro amor eterno… al igual que desde el primer día en que vi tus pequeños ojos marrones brillantes. Te juro, que aún en la eternidad, sostendré tu mano y tu corazón…  y juntos caminaremos por un sendero de margaritas, por siempre”. Juan la entendió… su corazón sabía que algo estaba sucediendo, pero su mente prefirió creer que todo estaba bien… En silencio, y tomados de la mano, juntos fueron a dormir abrazados, piel a piel. El tiempo pasaba, y María iba perdiendo fuerzas y se iba deteriorando lentamente… Juan, creía que era algo momentáneo, no podía concebir el pensar que si Dios había sido tan generoso de premiarlo con uno de sus Ángeles… ¿cómo se lo quitaría?. “Vamos María… tú no estás bien, debes ir al médico…” reiteradas veces le exclamaba Juan… “Juan, estaremos bien… te lo prometo” siempre respondía Ella, sabiendo que no había retorno en el triste sendero del fin. El crudo invierno azotaba la ciudad… y las copas de vino al lado de los leños eran el ritual de todas las noches. Esta vez, una de vino, y otra de agua, para preservar el pequeño retoño que ya pateaba despacio su vientre. “María… ¿te sientes bien?” preguntó Juan, mientras veía que aquellos ojos que iluminaban su vida se estaban apagando como un faro al salir el sol… “Sólo abrázame y dime que nos amas”, le suplicó María. Él la tomó entre sus brazos y exclamó más fuerte que nunca “Te amo… te amo a ti, amo a mi hijo… ¡Los amo!”… mientras que la Madre, junto a su pequeño hijo, se iban durmiendo en un sueño sin fin… “¡¡María!!” gritó Juan, pero esta vez, no respondió. María había muerto, y su pequeño hijo, también. El llanto doloroso, de Juan se escuchó en todo el edificio. Atrás de aquella copa de agua se encontraba la carta de María confesándole su enfermedad “Mi eterno amor… perdóname por haberte ocultado la verdad… perdóname por tener que dejarte… recuerda, que nos hemos jurado amor eterno. Yo lo cumpliré, desde el más allá te seguiré amando junto a tu hijo, y mis manos seguirán acariciando tu suave cabello blanco… al igual que la primera vez. Gracias por haberme regalado el más hermoso sendero de margaritas de mi vida. Tuya por siempre”. Aún Juan conserva la carta… ya amarillenta y envejecida por el correr de los años. A pesar del tiempo, sigue relatando el hecho de la misma forma, con el mismo sentir, y sin olvidar ni una coma de su historia. ¿Sí se volvió a enamorar?... jamás, dice que María no lo perdonaría… Sí aún sigue viniendo todas las noches a acariciar su cabello para que Él pueda dormir, sin llorar la ausencia de Ella, y de su Hijo… 
Porque buscando tu sonrisa estaría toda mi vida.

El anticristo.

SE DEBE SER SUPERIOR A LA HUMANIDAD, POR LA FUERZA, POR EL TEMPLE, POR EL DESPRECIO.

Soy...


Soy el que sabe que no es menos vano 
que el vano observador que en el espejo 
de silencio y cristal sigue el reflejo 
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano. 


Soy, tácitos amigos, el que sabe 
que no hay otra venganza que el olvido 

ni otro perdón. Un dios ha concedido 
al odio humano esta curiosa llave. 

Soy el que pese a tan ilustres modos 
de errar, no ha descifrado el laberinto 
singular y plural, arduo y distinto,
 

del tiempo, que es uno y es de todos. 
Soy el que es nadie, el que no fue una espada en la guerra. Soy eco, olvido, nada.


Te diría que la historia, mi tema central, son los cruces que se dan en nuestras vidas. ¿Por qué nos encontramos con algunos y jamás con otros? ¿Por qué ocurren encuentros con gente más lejana (aparentemente) que con otra que está a nuestro lado? ¿Por qué tanto amor con algunos y repulsión con otros? Todo esto es muy misterioso para mí pero es un enigma ante el que me inclino, al que no puedo llegar por más que la ciencia quiera explicarme que hay una cierta energía que... bueno, igual existe a veces una pared contra la que se estrella el raciocinio y me encuentro con que no sé por qué me gusta una persona, no sé por qué me gusta hablar con vos y no con otros. Pero como, además, soy bastante brutal en mis elecciones, después... bastante después, cuando la cabeza analiza y encuentro razones en que alguien es inteligente, culto, huele bien, ¡no puedo dejar de reconocer que también hay gente inteligente, culta y que huele bien y que no me gusta! Te diría que toda explicación en la que intervenga la magia o la brujería termina por parecerme más real que la explicación racional.